Hace algunos años el sociólogo chileno Pablo Hunneus definía el lujo como “lo inutil” y daba inolividables ejemplos: “unas largas uñas rojas que no sirven para tomar nada” o “un auto con un motor capaz de mover un camión pero con sólo dos asientos”

En nuestro sitio ponemos el ojo en aquellos lujos que nos hacen sentir mejor, que nos permiten romper la rutina, gustos que pueden o no ser caros, pero que siempre con estilo, nos dan un respiro y hacen de un momento un recuerdo.

Una pequeña reflexión sobre el lujo

Sin embargo no queremos dejar de plantearnos la verdadera necesidad del lujo en la vida humana.  En el antiguo imperio romano se denominaba con la palabra luxus-us  a la vida extravagante, la opulencia salida del orden, o al exceso dislocado.  Por lo tanto entendemos como algo lujoso aquello que en su manufactura, creación o confección excede lo estrictamente necesario. Lo recién dicho nos lleva a preguntarnos ¿qué es lo estrictamente necesario?

Reducir al humano a la calidad de un ser que existe exclusivamente para comer, beber y dormir es privarlo exactamente de esas cualidades que nos hacen humanos. Somos seres que disfrutamos del arte, de la filosofía, no vemos en la naturaleza sólo una fuente de recursos sino que vibramos con sus colores, formas, bellos sonidos. Una buena conversación sobre temas que consideramos trascendentes son los lujos que nos hacen crecer. Vivir conscientes de la belleza y de lo abstracto es por lo tanto un lujo.

Límites del lujo

Cuando hay niños que no tienen acceso a los juguetes, ¿es ético el despliegue de bienes que hacen muchos millonarios, hayan sido estos ganados justamente o no?

Pero ¿hay un límite donde el lujo se convierte en un exceso, un derroche que por ostentar de lo que nos sobra agrede o al menos ofende  a aquel que carece de lo que consideramos básico? ¿Existe un punto en donde el consumo de bienes innecesarios sobreexplota el planeta y a nuestros propios congéneres? ¿Es cualquier lujo condenable o permisible?

El lujo puede ocupar un lugar positivo en la sociedad, cuando se presenta como una posibilidad alcanzable para quien hace un buen uso de su tiempo y recursos para lograr aquello que satisfará sus necesidades superiores.

“Aseguremos lo primero el pan y después ya hablaremos de la porcelana y el terciopelo” ( La conquista del pan, Piotr Alekséyevich Kropotkin ).

Ciertamente cuando poseer una obra de arte satisface los deseos estéticos de su dueño, hablamos de una faceta humana deseable, admirable, pero cuando la misma obra es poseída y exhibida sólo como un trofeo destinado a demostrar poder económico o aparentar una falsa sofisticación, nos encontramos con justamente el lado opuesto de la naturaleza humana.

No pretenderemos dar acá una respuesta definitiva ni establecer reglas antojadizas que separen lo aceptable de lo que no lo es. Nuestro sitio enfocará sus esfuerzos en mostrate aquellos bienes o servicios que en algún momento de la vida pueden satisfacer esos deseos más sofisticados que nos hacen más humanos. Vestir todo los días joyas, peinados exclusivos, vestidos de fiesta parece casi una caricatura del mal gusto. Pero hacer lo mismo en el día de tu boda es una aspiración lícita para una novia que se casa enamorada e ilusionada.

No presentaremos este sitio con culpabilidad ni con envidia de quienes han se han convertido en esclavos del lujo, sino que presentaremos aquellas opciones que pueden satisfacer las justas necesidades de lujo de quien desea ir más allá de sus necesidades e instintos básicos. El límite lo pones tú, las ideas nosotros.